Qué Buena Suerte, ¿eh?

Arriesgada, curiosa, artesana y ¿por qué no? Escatológica.

Es de sobra conocido que uno de los problemas principales en la limpieza de todas las ciudades es el de las deposiciones de nuestros amigos caninos. Nos entusiasman nuestras mascotas, pero somos muy conscientes de que no toda la población se encarga de recoger las caquitas que su amigo deja en el suelo.
¿Cómo visibilizar un problema tan obvio? Pues bien, haciéndolo más grande, enorme.

Unas chanclas gigantes, pisando gigantes cacotas (todas de mentira, obvio) repartidas desde muy tempranito, por distintos lugares muy transitados por humanos y caninos, además, reforzada con la frase ‘Qué buena suerte ¿eh?’ que hacía clara referencia a la superstición que todos y todas conocemos.

De nuevo aquí fueron los selfies los protagonistas de las reacciones. Gustaron tanto las chanclas que la gente se subía en ellas para hacerse la foto y (atención anécdota) una nos la robaron y ahora decorará la casa de alguien, amante del arte callejero.